jueves, 21 de junio de 2012

Obscure

Lady Licks esgrimía su pluma contra el papiro viejo que descansaba sobre la majestuosa mesa de roble de su estudio. Escribía una triste carta de un hecho fúnebre: La desaparición de su sobrino.
Dos meses fueron los transcurridos desde que el joven Desh se adentró en el bosque para buscar a Manfred y Erste, sus mejores amigos. No tenía más que doce años, por lo que su impulsividad fue incontrolable. Intentaron vigilarlo y contenerlo, pero al menor descuido, Desh ya se divisaba en la lejanía, como una sombra entre los altos troncos. Lady Licks no le dio la menor importancia en un principio, pero cuando llegó la noche y el infante no volvía, convocó a todo el pueblo para salir a buscarle. No encontraron ni rastro del pequeño. Y no sólo eso,
sino que dos de los aldeanos también desaparecieron.

Todos decían que el bosque estaba maldito. Un mal se cernía sobre Alberstal, aquella villa en medio del numeroso ejército de pinos. Un mal inexplicable tapaba con su oscuridad las casas y los corazones de sus ocupantes, como un virus que se extiende sobre el cuerpo. Los nonatos eran más frecuentes que nunca; las cosechas se secaban y morían rápidamente; la leche se agriaba; y los bichos que otrora residían en las entrañas de la vegetación se acercaban al pueblo y buscaban su hueco en los rincones de las estancias: ciempiés, tarántulas grandes como una mano, mosquitos vectores de raras patologías, escalopendras...
Los ánimos del pueblo se apagaban como una vela sin mecha, los aldeanos se miraban los unos a los otros con desconfianza y ojos fieros, albergando una inexplicable ira en su fuero interno. Un hombre fue asesinado al lado del pozo, rajado de una oreja a la contraria... Esto era una locura. Y todo esto se había desatado desde que Desh desapareció. Algo despertó el joven. Algo vio, o a algo atrajo del bosque; pero la que más miradas hostiles recibía era ella, la tía del joven, que lo dejó marcharse.
-Tia Licks - oyó el susurro en su oído -. ¿Por qué me dejaste morir...?
Chillando, la mujer se dio la vuelta, aquella era la voz de Desh...
Oscuridad tan solo y nada más. La luz de la vela iluminaba un pequeño radio a su alrededor, dejando el resto del cuarto en sombras difusas. Estaba sola.
O tal vez no...

Abrió la puerta de su cuarto, candil en mano, y echó un vistazo por el pasillo. Le sudaba la frente y su corazón golpeaba violentamente su pecho, tenia miedo.
Anadeó por los largos corredores de la enorme estancia siguiendo el rastro de aquel frío tan profundo e intenso que le helaba hasta el tuétano los huesos. No era provocado por una corriente de aire, pues la llama del candil bailaba hacia el cielo sin inclinación. Pasaba por delante de las puertas cerradas a cal y canto que nadie debía usar por las noches. Excepto unos cuantos guardias, todos dormían con mayor o menor placidez.
Llegó hasta el final del pasillo y dio con el origen de aquel frío: la ventana le esperaba con sus brazos abiertos. Lady Licks se acarició rápida y fuertemente los brazos para entrar en calor y se dispuso a cerrarla... cuando vio a un niño correteando en mitad de la noche hacia el bosque.
Era Desh.

Chillando y dando órdenes a diestro y siniestro, hizo llamar a todos los hombres dispuestos para entrar de nuevo en el bosque, aunque fuera en mitad de la oscura noche. No muchos estaban de acuerdo con ello, mas no dijeron nada abiertamente. Todos se apresuraron, y una marea de antorchas penetró entre los altos árboles como hormigas rojas entre el verde césped. "¡Desh! ¿Dónde estas?" gritaban todos, separados en distintos grupos. Lady Licks iba a la cabeza de la expedición, dejándose la voz más que ninguno de los presentes. Tras unos minutos que parecieron eternos, la llamaron a su derecha, donde vio unos cuantos hombres congregados. Se acercó allí corriendo y se abrió paso entre ellos.
Desh la miraba a ella directamente, como si quisiera apuñalarla con los ojos, pero ella no se dio cuenta. Abrazó a su sobrino querido.
-Desh... Desh... ¿Dónde te habías metido? ¿Qué estás haciendo...?
-Acabar contigo... - respondió aquella voz de contralto -. Yo y el pueblo.
Se separó de él, mirando los ojos rojos de lo que antes debió ser su sobrino. Giró entonces la cabeza, escrutando los rostros desequilibrados y crueles de los aldeanos, que antorchas y guadañas en ristre se acercaban lentamente a ella.
-¿Qué es esto? - exigió saber Licks, no todavía apaciguada -. ¿Qué es lo que hacéis...?
Su miedo iba en aumento a medida que se iban acercando a ella. Intentó abrirse paso, pero la cogieron entre todos. Pidió auxilio y suplicó misericordia; no entendía qué pasaba, sólo giró su cabeza para mirar por última vez el demoníaco rostro de Desh...
Y despertó en su cama, con las mantas por encima de su cabeza mientras se filtraba la luz del sol a través de su pulcra blancura. Se acurrucó en su cama, calmando su asustado corazón. Pasaron cinco minutos hasta que se quitó la cama de la cabeza.
-Buenos diaaaaaas...
Desh estaba de pie encima de ella. Y, alrededor de la cama todo el pueblo. Los aldeanos estaban demacrados, les faltaba parte de la piel, su ropa se había podrido y sus armas estaba oxidadas. Aun así, sus miradas todavía poseían esa locura inefable. Lady Licks agarró sus sábanas, tiritando.
Vio entonces como todos se abrían hacia la puerta, donde una mano negra y peluda, grande como su cabeza, agarró la madera y la abrió dejando chirriar la bisagra, que gritaba de dolor como lo haría más tarde ella para toda la eternidad en las entrañas de aquella bestia maldita...

1 comentario:

  1. Me sigue encantando como escribes, aunque siento que no lo hagas más a menudo.
    Triste tener que escribir como anónimo, ¿eh?

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