El sueño llama a mi puerta con tanta fuerza que siento que la va a tirar abajo. Cierro los ojos, arrugados como viejos papiros, y me masajeo las sienes...
Los abro, todo parece estar en una repentina calma. Miro a mi derecha, tras las ventanas, una vacua oscuridad. Me doy la vuelta, los sillones descansan sin nadie a quien soportar, frente a la pantalla plana. ¿Soy yo quien la observa o ella a mi? No esta encendida, quizá sea yo quien debe ser visto y no al revés.
Me arranco un ojo y lo escruto con detenimiento. No es mas que una bola de agua bañada en vida roja. Lo hago girar encima de mi mano y apunto en mi dirección. Esos círculos concéntricos me ponen de los putos nervios...
Aparto la vista, me tiembla la mano, dominada por el miedo y no por mi mente. Me pongo aún más nervioso, no me controlo...
tiemblo.
Empiezo a notar cómo es ahora el corazón el que golpea, con tanta fuerza como antes Morfeo. Sufro una rápida y repentina convulsión. Quiere salir, ¡¡QUIERE SALIR...!!
El ojo se me escapa de entre los dedos, siento un dolor agudo resultado de un nervio óptico que tira con fuerza del vestigio ocular. Esto debe ser una señal, puede que ese ojo sirva de algo todavía.
Entre convulsiones, introduzco la bola en su cuenca y trato de relajarme. Los temblores se detienen, dejando migraña y un incesante dolor en mi ojo. ¿qué es? ¿Habré hecho algo malo?
Bajo las escaleras tan rápido que no sé como no me mato. Llego al baño, enciendo la luz y observo la imagen reflejada:
En mi ojo se asoma una mujer de cabellos carmesí que se baña en la sangre de su interior. Yo sé lo que es, pero no quién es.
En mi miembro se balancea la mujer del vestido rojo, como si fuera una liana con la que jugar. No me da placer, sólo avidez de algo que realmente no deseo.
En mi pecho, abierto de par en par, se columpia la del pelo castaño, tan bella, tan hermosa. La viva imagen del amor hecho persona. Pero se columpia apoyada en mi corazón, sin darse cuenta de que son mis venas quien mantienen su columpio. Me hace daño, ¿esta jugando o es que no sabe como estar conmigo? Duele... duele mucho, las venas no soportan tanto peso. Se rompen... se rompen... se rompen...
Y abro los ojos, dejo de masajearme las sienes...
Y me voy a dormir.